La llegada de Thrips parvispinus a las principales regiones hortícolas de México está obligando a productores y asesores a replantear sus estrategias de protección de cultivos. Hasta hace pocas temporadas, estos programas estaban diseñados para enfrentar niveles de presión de plagas muy diferentes.
La plaga fue detectada en Sinaloa hacia el final de la temporada 2024-25, pero durante el ciclo 2025-26 apareció antes y con una intensidad considerablemente mayor, especialmente en los cultivos de chile. Su presencia también comienza a generar preocupación en pepino y en otros cultivos que podrían actuar como hospederos.
El avance registrado durante los últimos meses muestra además una expansión geográfica relativamente rápida. Según Saúl García, asesor de manejo integrado de plagas (MIP), Thrips parvispinus ya ha sido confirmado en algunas de las principales zonas productoras de México, desde el centro de Sinaloa hasta estados del centro como Querétaro y Guanajuato, además de Jalisco, en el occidente del país.
Entre los cultivos afectados, los problemas más graves se están registrando actualmente en chiles cultivados bajo estructuras protegidas. Sin embargo, hacia el final de la temporada 2025-26 también se observaron ataques especialmente agresivos en pepino en Sinaloa, principalmente durante las últimas etapas del cultivo.
La plaga se adapta a diferentes regiones y cultivos
García advierte que la expansión de T. parvispinus está avanzando rápidamente y que la plaga muestra una gran capacidad para adaptarse a diferentes condiciones climáticas y cultivos.
De acuerdo con las previsiones de investigadores, se espera que el insecto llegue rápidamente a otras regiones de México y afecte a cultivos como fresa, frijol y maíz, entre otros.
Ante esta situación, los productores necesitan reforzar la vigilancia y adaptar sus programas de manejo a una presión de plaga que puede aumentar rápidamente durante el ciclo productivo.
Orius y Amblyseius ofrecen resultados prometedores
En el cultivo de chile, una de las estrategias biológicas que está ofreciendo resultados más interesantes combina Orius laevigatus, cuya actividad se concentra principalmente en los trips adultos, con Amblyseius swirskii, utilizado para ejercer presión sobre las primeras etapas ninfales.
La experiencia obtenida hasta ahora con ambos organismos benéficos ha sido prometedora, según García. Sin embargo, el especialista considera que el problema debe abordarse de una manera diferente a los métodos tradicionales debido a la elevada presión de la plaga y a la rapidez con la que aparece el daño.
Por ello, los productores están implementando protocolos más estrictos, mayores tasas de liberación de insectos benéficos y controles mucho más rigurosos de las operaciones realizadas dentro de las instalaciones de cultivo.
Las medidas comienzan incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles. Los programas incluyen un monitoreo intensivo desde la etapa de plántula y revisiones constantes durante todo el ciclo productivo.
También se están utilizando trampas mecánicas con mayor intensidad, acolchados, modificaciones en la apertura de los soportes de cultivo y controles más estrictos sobre el movimiento y las prácticas del personal dentro de las estructuras protegidas.
En pepino se han realizado hasta tres aplicaciones por semana
La presencia de T. parvispinus también ha sido documentada en pepino. En algunos casos, los productores han tenido que aumentar la frecuencia de los tratamientos, el volumen de agua utilizado en las aplicaciones e incluso el presupuesto destinado a la protección del cultivo.
La situación en pepino presenta algunas diferencias respecto al chile, principalmente porque la presencia de la plaga es más reciente y todavía no afecta a todos los productores. No obstante, durante la última temporada varias operaciones agrícolas del valle de Culiacán reportaron problemas relacionados con esta especie.
En las zonas donde la plaga ya se ha establecido, la respuesta comienza a seguir un patrón similar al observado anteriormente en el chile. Esto se traduce en un aumento importante tanto de la frecuencia de los tratamientos como del volumen de agua empleado en cada aplicación.
Según la experiencia de García durante la temporada 2025-26, algunos productores realizaron hasta tres aplicaciones por semana, mientras que el volumen de agua utilizado en los tratamientos llegó a aumentar hasta un 100% respecto a los programas habituales.
Estos cambios están provocando un incremento considerable de los costos de protección asociados a la producción de pepino.
El uso de insectos benéficos también podría convertirse en una herramienta cada vez más importante para el cultivo de pepino. Sin embargo, su adopción dentro de la horticultura mexicana continúa siendo desigual.
En la región del Pacífico, donde predominan sistemas de producción orientados a grandes volúmenes y mercados sensibles a los costos, el control biológico todavía no está ampliamente extendido. Por ahora, las primeras respuestas frente a T. parvispinus se concentran principalmente en herramientas culturales y programas de tratamiento químico.
Esta diferencia está relacionada con la propia estructura del sector hortícola mexicano. Una parte importante de los productores trabaja con productos de consumo masivo, como tomate saladette, pepino americano o chile verde, destinados principalmente al mercado abierto. Su estrategia suele centrarse en alcanzar mayores volúmenes con el menor costo posible.
En contraste, los productores especializados de alta tecnología, que suelen concentrarse en el centro del país, tienen mayor experiencia en el uso de insectos benéficos y técnicas de control biológico. Según García, estos productores podrían obtener una ventaja en el manejo de T. parvispinus.
Pérdidas y mayores costos: una combinación devastadora para los productores
La expansión de los trips no solo representa un desafío fitosanitario. También está generando un impacto económico debido tanto a las pérdidas de producción comercializable como al aumento de los costos de control.
Según el asesor de MIP, que trabaja directamente con operaciones afectadas, en los casos más graves se están registrando pérdidas de producción de hasta el 50%, acompañadas de incrementos cercanos al 50% en el presupuesto destinado al control de plagas.
García resume el impacto para los productores como una combinación devastadora, ya que deben hacer frente simultáneamente a una menor producción y a mayores gastos de protección.
Los problemas fitosanitarios registrados durante las últimas temporadas, combinados con las condiciones del mercado, están teniendo consecuencias especialmente visibles en la producción de chile de la zona del Pacífico mexicano.
Las primeras estimaciones apuntan a una reducción cercana al 15% en la superficie sembrada durante la temporada 2026-27, lo que refleja la creciente presión que Thrips parvispinus está ejerciendo sobre los productores y sobre la planificación de la próxima campaña.
